CIMETIÈRE DES CHIENS.

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El primer cementerio de animales de compañía está en París y es hoy Monumento Histórico.

En su origen, a finales del siglo XIX, era una arbolada isla fluvial del Sena en la localidad de Asnières-sur-Seine, cerca de París, un lugar que en ese tiempo era refugio de bandidos y era conocida como Isla de las Plagas.

 Todo se originó cuando coincidieron una ley sanitaria, una mujer y la mentalidad victoriana común de la época.

 En ese tiempo los animales muertos eran generalmente arrojados al Sena, depositados en zanjas alrededor de la ciudad de París o eliminados con la basura. La falta de higiene para una ciudad con tanta población era inmensa y los problemas de salubridad numerosos.

 La ley que entró en vigor en 1898, requería que los cadáveres de animales domésticos deberían de ser enterrados por lo menos a 100 metros de las viviendas y con, al menos, un metro de profundidad.

 Marguerite Durand y  el abogado Georges Harmois  rápidamente concibieron la idea de un “cementerio para perros” en las afueras de París, en la isla de las plagas.

Marguerite Durand era un personaje increíble. Actriz, periodista y rebelde con múltiples causas, se convirtió en una firme defensora de los derechos de las mujeres. Su otra pasión eran los animales, y a menudo fue vista paseando por los parques de París con su mascota, un león llamado “Tiger”. (“Tiger” también está enterrado en el cementerio que Durand fue responsable de crear).

 El nuevo cementerio, primero de su tipo en el mundo, abrió ese verano, y pronto se hizo popular, porque la gente comprendió que un cementerio que se encuentra lejos de sus hogares y en medio del Sena, no podía ocasionar problemas higiénicos.

 Con los años más de 40.000 animales han sido enterrados en el Cimetière des Chiens. No sólo perros, también gatos, un caballo de carreras, un león, un mono y animales domésticos como conejos, hámsteres, ratones, aves y peces.

 Durante mucho tiempo fue el lugar elegido por las personas adineradas de Francia y algunos países de Europa, como la reina Isabel de Rumania que enterró aquí a su perro, para que sus mascotas descansaran eternamente. Muchos escritores, artistas y poetas, como Sacha Guitry, Georges Courteline y Jean Cocteau enterraron aquí a sus amigos de cuatro patas.

 Para no herir sensibilidades el reglamento del propio cementerio prohibía la utilización de símbolos religiosos y pompas similares a las humanas. Es por esto que no se verá ninguna cruz.

 Probablemente el monumento más elegante de Asnières sea el frente de rejas y portones en estilo Art Nouveau que anuncia la entrada del cementerio.

 Como en todo cementerio pueden encontrarse tumbas ilustres, las menos, y miles de tumbas anónimas. Muchas de ellas tienen estatuas de gatos o perros, otras las fotos u objetos de los ocupantes, y muchas de ellas sólo tienen una lápida de piedra con nombres y epitafios. Preciosos epitafios.

Justo dentro de la entrada principal del cementerio, hay una estatua de Barry, un perro que forjó su leyenda en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. La inscripción habla por si sola: “Salvó la vida de 40 personas”.

 Aquí está enterrado Rin Tin Tin.  En realidad era un perro francés que fue adoptado en un campo de batalla de la Primera Guerra Mundial por un soldado estadounidense, que se lo llevó a los EE.UU. donde protagonizó un montón de películas. Murió en Los Angeles en 1932 y fue traído de vuelta a Francia para ser enterrado en Le Cimetière des Chiens.

 Algún episodio extravagante, como el caniche Tipsy, conocido por su reciente profanación. El caniche fue enterrado en 2003 en compañía de un collar de diamantes valorado en 12.000 euros. El collar, obviamente, desapareció.

 A mediados de los años setenta se secó uno de los brazos de agua del río. La isla ya no existe. El Cimetière des Chiens es un cementerio largo y estrecho con el atractivo de los jardines que dan al Sena.

Se cerró brevemente en 1987 y tras varios cambios de titularidad el mismo año se incluyó en el Inventario de Monumentos Históricos. Desde 1997, pertenece al Ayuntamiento de Asnières, y su futuro parece seguro. El cementerio no es sólo un lugar para visitar, todavía es posible enterrar mascotas y muchas empresas funcionan en torno a él.

 Juan C. Cantó Rodríguez.

 Clínica Veterinaria Peludos.

 23571121

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